María Cristina Klemo de Salzano: “La casa no es casa, es hogar”.

María Cristina Klemo de Salzano: “La casa no es casa, es hogar”.
Un recorrido por los años de historia de la casona donde vivió el escritor, poeta y periodista Daniel Salzano, y donde actualmente se construye Rodas Palacio.

Caminábamos por calle Derqui en dirección a lo que solían llamar “el living de su casa”, el bar ubicado en la esquina de dicha calle y el boulevard Chacabuco. El cuidador de autos la abrazó con la calidez que genera el correr de los años. Los mozos la recibieron con alegría y complicidad. Ella eligió la mesa, bien sobre la esquina, con una ventana grande desde donde podríamos mirar esa que fue su casa durante más de 20 años y donde hoy se construye Rodas Palacio de la desarrollista inmobiliaria Maluf & Asoc.

“Estoy muy contenta que se haya mantenido la fachada de la casa, querida”, y así comenzó una charla distendida donde María Cristina Klemo de Salzano habló sobre sus años en la casona, la rutina de Daniel, el amor con el correr de los años, y lo que significó vivir en el corazón del barrio Nueva Córdoba.
Con 41 años de casados y 54 viviendo juntos Cristina, nacida en Buenos Aires y Daniel, construyeron una relación sin igual. Ella acompañó hasta el final a su “Danielito”, como suele nombrarlo.
Mira la casona y observo cómo por el brillo de sus ojos, viaja en el tiempo mientras me cuenta la historia de sus vidas. Se conocieron siendo adolescentes y se enamoró de tal manera que decidió venir a vivir a la casa que su padre, de origen griego, había levantado en Río Ceballos. Daniel la visitaba de vez en cuando. Recuerda que una vez le dijo: “Mirá, soy diabético, no me voy a casar y no voy a tener hijos”. Y agrega riéndose: ”¿Qué querés que le dijera? Yo estaba enamorada. ¡Pero sí Daniel! Y así arrancamos. Y nos casamos igual. Y tuvimos un hijo, León A. Salzano casado con Rita Murillo, quienes nos dieron tres nietas hermosas”.
Médica de profesión, abandonó su carrera para acompañar a su amor. Ella se encargaba de transcribir los escritos de Daniel. Y me cuenta con un orgullo que brota de sus palabras: “A Daniel le gustaba vivir. Era curioso. Quería caminarse todo, que no quedara rincón por recorrer. ¿Vos qué haces con eso más que admirarlo? Seguirlo, tratar de estar a su altura. Aprender de él. Yo no leo. Pero todos los libros que él leyó, me los contó. Nosotros viajábamos mucho y la ruta nos la daban los museos y las exposiciones itinerantes de los museos. Nos recorrimos todo. Conozco todo el mundo y de todo el mundo conozco sus museos. Y de ir más de una vez al mismo museo. Entonces aprendés mucho de un hombre así. Nunca paraba”.
Cuando llegaron a Córdoba Cristina fue la encargada de encontrar dónde vivir. Vieron una gran cantidad de casas, muy grandes, con jardines y piletas; pero no era lo que buscaban. Ella lo resume con una frase “Los lugares que elegíamos tenían que tener solera, tenían que tener historia. ¿Y dónde estoy? En el medio. ¿Quién te saca la luz, Chacabuco y el Palacio? Si comprás acá, no te va a molestar nadie más, está todo construido. Esa es la ventaja de estar en una casa que tiene su historia. Lo primero que voy a hacer cuando me mude a Rodas Palacio será asomarme a esa ochava y poner la cruz que estaba bajando la escalera en la antigua casa”. En este barrio encontraron todo lo que buscaban. Lo que más los convenció era el Museo y estar “en el medio de todo”, dado que se encuentra en la llamada Media Legua de Oro Cultural, recorrido que va desde la Plaza San Martín hasta el Parque Sarmiento.
La casona pertenecía a la familia Allende Posse (en planta alta) y Allende Posse de Crespo (en plata baja). En algún momento de su historia fue una única mansión, una casa carruaje (ingreso de cochera por Bv. Chacabuco con salida por Derqui, pasando por el interior de la casa). Luego las dos familias dividieron las cocheras quedando una para cada planta de la vivienda.
El día que fueron a ver la casa, recuerda que le dijo a quien fuera el vendedor: “Esto es un mausoleo querido” (risas). Pero una vez que ingresaron quedaron impresionados principalmente por el afecto y recibimiento de sus dueños, Magdalena y Jacob Allende Posse, una familia encantadora en palabras de Cristina que la recibió como nunca antes.
El ingreso era todo de mármol y Cristina temía por las escaleras, ya que Salzano tenía 3 bypass para ese entonces. La casa era enorme: Dormitorios, living, sala de televisión, biblioteca, baños, cocina, patio interno, lavadero, dos terrazas (que luego Cristina las restauró y decoró al estilo Gaudí), habitaciones de guardado, placares de grandes dimensiones. Sus puertas ventanas miraban al Palacio, estaban en el corazón de Nueva Córdoba, rodeados de cultura e historia. Al fin habían dado con “la casa”, solo faltaba que Daniel la conociera.
Allí transcurrieron sus vidas durante 20 años. Noches en vela en las que Daniel escribía sin parar, mientras María Cristina descansaba para la rutina del día siguiente. Su trabajo era cuidar la casa. “La casa no es casa, es hogar. Tenía que estar caliente, ordenada, con la comida lista”. Para los tres la familia era muy importante. Cristina se encargaba de cada detalle. Todas las mañanas le preparaba la ropa a Daniel, se vestían y perfumaban. Les encantaba compartir todo, tuvieron una vida muy afectiva, de compañerismo y amistad. De admiración mutua. Amaban y eran amados. Todos los días desayunaban en el bar Overnight. Este lugar que llegó a ser una extensión de su casa. Según sus palabras, allí se dirimían todas sus peleas, porque ahí no podían gritar ni llorar. A veces transcurrían días sin hablarse, pero lograban solucionar sus diferencias. Luego del desayuno, Cristina acompañaba a Daniel a tomar un taxi que lo llevaría, en sus últimos años, al Cine Club Municipal Hugo del Carril. Por la tarde regresaba y Cristina debía estar en su casa para entonces. Tenían una sesión de masajes (dado el peso de los libros que él transportaba), y luego tomaban café, bebida infaltable en el hogar. Todas las noches veían dos películas que Daniel seleccionaba.
Amaban esa casa. Luego de varias operaciones más (llegó a tener 16 stents), el camino entre la casa y el Sanatorio Allende era un ir y venir. Cristina no podía contra su marido: “Él hacía lo que quería, eso es lo que hacía Daniel, lo que quería y sentía. Por eso la gente lo quería, le dedicaba tiempo a todo el mundo. ¿Cómo hacía? No sé. Para todos tenía una palabra y la palabra justa, que es lo difícil de encontrar”.
Llegó el momento de vender la esquina. Mientras Cristina contempla detrás del vidrio la casona insiste que a ella nunca le dio nostalgia dejarla. La empresa desarrollista Maluf & Asoc. compró la propiedad de la familia y el matrimonio se mudó a Rodas Parque, edificio de la constructora. “Tengo muchas mudanzas y aprendí que las cosas materiales vienen y van. La nostalgia la tenía él pero sabía que íbamos a volver cuando finalizaran el edificio Rodas Palacio”.
A lo largo de la entrevista logré divisar una María Cristina eternamente agradecida de los años compartidos con su esposo, de la admiración y el profundo amor que los unía. Una señora culta, conversadora, por demás memoriosa. Cada tanto miraba la fachada y la obra en construcción, y me explicaba cada rincón de lo que fuera su hogar durante tantos años. Y sobre todo volvían a su cabeza los momentos vividos allí, esos que traspasan la vida misma.

En 2018 María Cristina volverá a la esquina de Derqui y Bv. Chacabuco y ocupará lo que fue la terraza de su antigua casa, el tercer piso de Rodas Palacio. Lo primero que hará será poner en la ochava de la fachada la cruz que colgaba en la antigua puerta de entrada.
Acercándonos a la despedida le pedí un cierre para la nota, ante lo cual afirmó convencida: “Nunca voy a cerrar. El día que me muera voy a cerrar. Porque si hay algo que tenía Daniel, respetaba y amaba la vida. Nunca vi un boxeador como mi marido. Aguantó tanto su enfermedad, hizo tanto por esta ciudad”.
Concluimos el café con un agradecimiento sentido: “Les agradezco muchísimo a toda la familia Maluf y a los Allende Posse. Tuvimos mucha suerte, porque dimos con dos familias excelentes, maravillosas”.
Actualmente Rodas Palacio se encuentra en etapa de construcción y conserva la fachada de la casa de Daniel Salzano y María Cristina, la cual fue nombrada Patrimonio Histórico de la ciudad.


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